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miércoles, 15 de enero de 2014

Los herejes del cristianismo

Las herejías del siglo I y II

El vocablo hereje procede de la palabra latina “haeresis” y esta es una adaptación del término griego “hairesis” que etimológicamente significa división, ruptura de la unidad, o divergencia de opinión.

Pasado poco tiempo después de la crucifixión del Cristo en el siglo I aparecen los primeros herejes del cristianismo. Los judaizantes, eran judíos conversos que estaban aferrados a sus ritos tradicionales y seguían convencidos que eran el pueblo elegido por Dios, y que Jesús había afirmado que su misión no era abolir el “Antiguo Testamento” sino la de completarlo, intentando por tanto introducir el culto y ritos hebreos en la naciente iglesia cristiana. La diferencia entre los judaizantes y los auténticos seguidores de Cristo se hizo tan tensa, que San Pedro se sintió obligado a convocar el primer concilio de la iglesia, una asamblea limitada que no figura ente los ecuménicos. En esta asamblea se debatieron las graves discrepancias existentes, terminando condenados los judaizantes y surgiendo con ello una nueva secta, los ebionitas.

Los ebionitas continuaron cumpliendo los cultos hebreos, a la vez que enaltecían la figura de Jesúscristo pero negando que fuera Hijo de Dios, considerándolo un profeta simplemente, eso sí tan importante como el mismo Moisés. Los ebionitas se circuncidaban y también se bautizaban cumpliendo todos los ritos hebreos a la vez que los cristianos, si bien estos últimos bastante deformados y ajustados a su culto. Frente a los ebionitas, había grupos de cristianos gnósticos, paganos que aceptaban la fe cristiana pero pretendían introducir en ella sus concepciones personales, basados en antiguas creencias y prácticas mágicas.

La palabra gnosis procede del griego y significa conocimiento. Los gnósticos anteponían el valor del conocimiento a la fe, “El conocimiento puede llevar a Dios” aseveraban. Este afán de llegar a Dios por el conocimiento de la Naturaleza visible e invisible, es común a todas las épocas. Estos gnósticos estaban fragmentados en sectas que admitían la existencia de seres intermedios, como eones, ángeles y otros, entre Dios y el hombre. Además afirmaban poseer los secretos del Cielo y Tierra gracias a conocer las revelaciones contenidas en el libro de Set.

Entre los gnósticos de los primeros años del cristianismo el que más fama alcanzó fue Simón el Mago, del que se habla en los “Hechos de los Apóstoles”. Aquellos que creen en la existencia de Simón, afirman que era de origen judío y que nació en Samaria. Simón aprendió diferentes secretos mágicos de su maestro llegando a convertirse en un auténtico ídolo para los Samaritanos. El se creía una divinidad dejándose adorar por sus seguidores. Simón conoció los prodigios de San Felipe que fue a Samaria a desenmascarar personalmente a Simón. Este al ver a San Felipe, reconoció a un mago con poderes superiores a los suyos decidiendo convertirse al cristianismo, y aprender lo que consideró ser una magia suprema.

Pero San Pedro el gran mago, se limitó a explicarle que Cristo había sido crucificado para la salvación del género humano. Simón convencido de que Pedro le ocultaba la magia y los secretos de su poder, se le ocurrió ofrecerle el dinero que desease al primero de los apóstoles, a cambio del poder que el Cristo le había otorgado, el don de conferir el Espíritu Santo.

Pedro muy indignado expulsó a Simón de la comunidad cristiana, el cual decidió predicar su propia doctrina, comprando una esclava a la que llamaba Selene, una médium a la que convirtió en su amante y con la que se lanzó a conquistar adeptos, predicando una mitología con ribetes mágicos.

Simón contaba a sus adeptos que era una divinidad encarnada que representaba al Sol en la Tierra, y que intentaba liberar a Selene, o Luna en griego, de unos ángeles que la habían encadenado a un cuerpo mortal.

Poco se conoce del final de la vida de Simón el Mago, el más famoso de los gnósticos, su historia se diluye en las más fantásticas leyendas. Una de estas leyendas nos cuenta que si San Pedro se trasladó a Roma, fue para destruir definitivamente las doctrinas de Simón.

La leyenda cuenta algo así:

San Pedro – Que la paz sea contigo Simón.

Simón – No necesitamos la paz, por la guerra la verdad se descubre. La paz entre adversarios es el triunfo de uno y la derrota de otro.

San Pedro - ¿Por qué rehusas la paz? Son los miedos de los hombres los que han crecido la guerra. La paz acompaña la virtud.

Simón – La virtud es la fuerza y el saber. Yo tengo los mismos atributos que tenía tu Maestro, resucito, curo a los enfermos, convierto las piedras en panes …. Y tú … ¿qué haces?

San Pedro – Yo oro por ti, a fin de que no perezcas víctima de tus prodigios y para que vuelvas a la razón.

Simón – Guarda tus oraciones ellas no subirán tan pronto como yo al cielo.

Al llegar a ese punto Simón se elevó hacia arriba levitando, para caer al instante al suelo perdiendo la vida.

Las leyendas son carentes de fundamento pero después de lo ocurrido en el encuentro con Pedro, el Mago desapareció de la historia.

Tiempo después en el siglo II aparece la secta de los ofitas del griego “ofis” serpiente. Los ofitas proclamaban que la serpiente que sedujo a Eva era el mismo Cristo. La serpiente fue la que trajo por tanto la sabiduría al Mundo. Tampoco admitían que Jesús fuera el Cristo sino que este había bajado y poseído el cuerpo de Jesús abandonándolo en el momento de la crucifixión, dejando la virtud a Jesús de resucitar como cuerpo espiritual.

Los ofitas tenían serpientes a las que domesticaban y hacían reptar por encima de las ofrendas en la Eucaristía.

Existían también sectas de ofitas anticristianos, que entendían que Cristo fue mandado al mundo para destruir la sabiduría que la serpiente había dado a los primeros hombres. Estos ofitas maldecían y renegaban de Jesucristo en el transcurso de sus ritos.

Durante el siglo II fueron numerosas las sectas heréticas que aparecieron. Por destacar algunas empezaremos por los alogos. Estos herejes negaban el “Evangelio” de San Juan y su “Apocalipsis” además de la divinidad de Jesucristo como “Verbo”.

Los adomitas se basaron en las doctrinas de Pródico, creían hallarse en el estado primitivo de inocencia, libres de pecado original, iban desnudos por la calle como Adán por el paraíso. Negaban la unidad de Dios y la necesidad de oración.

Los basilidianos seguidores de Basilides, entendían que el cristianismo había sufrido grandes alteraciones desde las enseñanzas de Jesús. Decidieron redactar de nuevo las bases del autentico cristianismo. Su libro, que se ha perdido, recogió antiguas creencias del mazdeísmo, uniendo doctrinas pitagóricas, gnósticas y judías.

El adopcionismo fue la primera herejía que intentó destruir la “Santísima Trinidad” consideraban que Jesús había sido hijo adoptivo de Dios y negaban su divinidad. Su promotor fue un rico curtidor de Bizancio llamado Teodoto, a quien el papa Víctor II condenó hacía el año 190 d.C.

Fuente: Los Apócrifos

martes, 7 de enero de 2014

La otra historia de María

Existen un gran número de apócrifos de cuánto se ha dicho y contado de María, pero en resumen se pueden sacar unas consecuencias de todo ello. No es lógico solo hablar del hijo, de un hijo, que por vínculo, implica  a su madre de un modo tal, que la hace instrumento, causa y principio de una extraordinario concebir, parir y condicionar de por vida, no hasta la muerte, por que aquí, para seguir con lo extraordinario, ni cabe; pero si hasta el “transito”, esa ”Asunción de María”, que si no eterna, si nos la hace “eviterna”. Por eso es de todo punto imposible un análisis que gire en torno a la “Vida de Jesús´” y que no tenga un capítulo en el que se haga referencia a su madre María, máxime cuando la Iglesia ha hecho especial hincapié en esta figura, sobre la que se han escrito quizás más libros que sobre Cristo y edificado teológicamente toda una “Mariología”, que en realidad está enfocada más a la exaltación de la persona que a un serio estudio sobre su proyección histórica.

Es contradictorio, pero necesario, reconocer que la Iglesia cuanto cuenta de su vida no está precisamente extraído de los “Evangelios Canónicos” dada la escasa noticia que de ella dan, y si de esos “Apócrifos” que se niega a admitir. Por ellos, o de ellos, ha salido toda esa serie de devociones y leyendas populares que novelan más que “historifican”.

La bibliografía “Mariológica” es verdaderamente exhaustiva y raya la mayoría de las veces en una clara proyección supersticiosa. Por regla general son los libros marianos los de menos rigor histórico de la literatura religiosa.

Claro que aquí cabe preguntarse si los apócrifos no son tan testimoniales como los tres sinópticos, dada la mayor contemporaneidad de ellos con los hechos ocurridos. De ser válidos para ciertas cosas tendrían lógicamente que serlo para todas. Esto cambiaría rotundamente el signo de las “autenticidades”. Lo que no se puede es dejar de mantener la postura eclesial frente a lo que en su tiempo se dio por fantástico a la hora de confeccionar el “Canon”, si no queremos que se reconozca tácitamente su validez.

Lo desconcertante es que de este “Protoevangelio de Santiago”, las Iglesias han incorporado a su doctrina teológica, desde el siglo VI la copta, y desde el siglo XIII, la romana, los pasajes que les han convenido, como rigurosamente históricos. Siguiendo esta tónica el historiador no tiene pues porque rechazar a “priori” otros hechos ni otras noticias venidas de las mismas fuentes.

Hoy, nuestra época, tiene una necesidad hagiográfica, que, por razones histórico-culturales, y de dominio de la iglesia, no pudo tener aquella sociedad medieval. Es comprensible que la autentica historia de María, del mismo modo que la de Jesús, no puede conocerse, al menos hoy, en toda su integridad. Ahora bien, lo que si es posible es despojarla de añadidos y exponer una verdad desnuda, pero lo más integra posible.

Si tenemos que ceñirnos al rigor histórico, no podemos pretender que el fenómeno “mariano” sea de exclusiva originaria del cristianismo y menos del catolicismo. Es un hecho, que está ahí, rigurosamente constatado, que en todas las religiones el culto a las Vírgenes, ha sido una constante histórica. Quizás cabria considerar que la más antigua en importancia fue Isis y su culto en Egipto. Diosa de la naturaleza por excelencia y virgen y madre simultáneamente y que anticipa en siglos su fecundación sobrenatural para traer a la tierra un Dios-Hijo, protector y salvador.

El desfile de Vírgenes precedentes a María y fecundadas por el misterio de lo “alto” ha sido constante. Los romanos tuvieron a Ceres, los griegos a Demeter-Cibeles, culto que comparten ambas y se la rinde adoración en Asia como imagen de la fertilidad. El pueblo celta la venera con sus druidas, creyentes de su “Diosa Tierra” Virgen y Madre que también tenía que alumbrar a un Dios concebido de modo sobre-natural.

Es evidente que si leemos en “Metamofosis” XI, 4, lo que se dice de Isis, veremos como invoca para ella todos los cultos existentes a la “Virgen Madre”. Los de la Diosa Madre Pessiononte de los griegos. Los de Minerva Crecopiana de los atenienses. Reclama indistintamente los cultos de Hécate, de Rabmonte, Juno, Ceres y Bellone.

Son muchos los historiadores que han encontrado una identificación de María con las Vírgenes de esas otras religiones. Esto nos coloca en la conclusión de considerar que esa figura de Miriam o María no es más que una continuación de esos mitos virginales que todos se presentan con el mismo denominador común. No podemos olvidarnos que estudiando esa gran importancia que se le dio en todas las antiguas religiones a esa constelación del solsticio de verano en la época de Géminis, “La Magna Mater et Virgo Coelestis”. Llegamos a la conclusión que: “Todas las deidades femeninas del panteón sumerio-babilónico son derivaciones de la misma “Magna Mater” reina del Cielo y “Virgo Coelestis”. Esto es aplicable tanto a las vírgenes de la Iglesia Helénica, como a las de la Romana y a las de la Sumerio-babilónica.

Son varios los historiadores católicos que admiten estas conclusiones. Y es que la idea de una “Reina Virgen” celestial que da a luz un Niño Dios y a la vez Salvador, tiene ya su origen en los primeros fenómenos astronómicos. Hay que tener presente que la constelación de Virgo fue siempre la más reverenciada de entre todos los signos del Zodiaco. Sus celebraciones datan de siglos, pues en la época de Alejandro, ya los griegos festejaban en la época del solsticio de invierno el nacimiento del “Hijo”, “Eon” también del parto de una Virgen divina. Exactamente como varios siglos después lo hicieron los cristianos.

Pero sobre todas, tenemos una prueba fundamental que viene a demostrarnos de que modo el culto de María depende de la fenomenología celeste: los católicos, desde hace mil años, conmemorarán el 8 de septiembre como día del nacimiento de María y el 15 de agosto como el de la muerte y Asunción al cielo. Estas fechas están relacionadas con el orto y el ocaso de la estrella “Spica”. Al menos así lo cree también J. Jeremias porque, exactamente en los 2000 años antes de nuestra era, según el calendario Juliano, el 8 de septiembre era el día en que “Spica”, la estrella más importante de la constelación de Virgo se hacía visible separándose de la luz solar después de haber estado oculta durante 40 días. Ese era el día de su nacimiento. De otro lado tenemos que el día de la muerte de María se fija en la misma fecha en que la estrella “Spica” entra de nuevo en el ocaso helíaco. Es decir, el 15 de agosto.


Los Canónicos

Vemos ahora cual es el cometido de María en esos cuatro “Evangelios” o que nos dicen de ella. Marcos la ignora y tan sólo la menciona dos veces.

Mateo centra la infancia de Jesús en José y tan sólo le llama el “hijo de la Virgen”.

Es Lucas el que la hace tener un protagonismo más extenso.

Por último, Juan, la centra como el Alfa o la Omega, es decir al principio con el primer milagro en Caná y en el final al pié de la Cruz.


                                                            Los Apócrifos

Indiscutiblemente son los apócrifos los que más noticias dan de María, cosa que hemos podemos observar al haber leído los “Evangelios apócrifos”. Haremos mención de ellos, sin condicionar al lector a directriz alguna, puesto que son sus consecuencias y valoraciones las que cuentan después de su lectura.

Tenemos el “Apócrifo de la Natividad”, el del “Pseudo Mateo” la “Historia de José el Carpintero” dentro de los de la infancia de Jesús, y “El Evangelio de Pedro”. Se cuentan cosas de María, relacionadas con José, en la versión siriaca del “Protoevangelio de Santiago”. Existe un “Evangelio según Judas” en el que se cuenta una interesante historia sobre José que nos lo sitúa como constructor de “Máquinad e Sitio” en la guerra de los nabateanos. Que murió poco tiempo después del nacimiento del más joven de sus hijos, Jesús, a la edad de cincuenta y ocho años” Entre los soldados, dice ese “Evangelio de Judas”, que tenía un apodo y era el de “Pantera”. Este relato nos da un idea de lo que debió ser el hombre con el que compartió María el lecho.

El “Talmud” menciona a Jesús llamándole “Ben-Ha-Pantera” nombre que recibía al ser hijo de un soldado romano de este nombre.

Celso nos cuenta también que sobre el año 178 pudo enterarse del comentario que decía: “Miriam fue repudiada por su esposo, carpintero de oficio, después de haberla éste convencido de infidelidad en el matrimonio”. Por lo visto, según sigue contando el propio Celos, Miriam fue a partir de entonces de un lugar a otro ocultando su embarazo hasta que dio a luz en secreto a Jesús, cuya paternidad era de un soldado llamado “Panthera”.

También en otro lugar del “Talmud” babilónico hay unas líneas que hablan de “Pandera el querido” y es curioso que en el mismo libro se escriba: “En Pumbedita se la llama (a María) “S’tath da”, es decir, “fue fiel a su esposo”. (Sabbat 104C; Sanedrin 67 a).

Esa es una María con documentos históricos. Parecen contradictorios y concordantes por otra parte en lo esencial.


Los Dogmáticos Marianos

Dentro de la Iglesia hubo grandes discusiones, teorías e interpretaciones sobre María, de las cuales muchas fueron dadas por heréticas. Una de la rivalidades más fuertes existió entre Cirilo, patriarca de Alejandría y Nestorio, patriarca de Constantinopla, lo que dio origen, a una nueva herejía.

En el “Concilio de Efeso” por fin se consagra a María como “Madre de Dios”.

Se tenía que llegar al “Concilio de Trento” para ir escalando en la divinidad de María. Se ponía por primera vez en juicio el tema del “Pecado Original” en la que ya era “Madre de Dios”. Los franciscanos afirmaban que estaba exenta de él, y los dominicos afirmaron lo contrario. Es decir, se pretendía el dogma de la “Concepción Inmaculada”, cosa que nunca admitió Santo Tomás de Aquino.

Fue al llegar al pontificado la figura de Pio IX cuando en una encíclica promulgada en 1849, el Papa pide a los obispos su adhesión a la ausencia de pecado original en María. Para forzar esta resolución se inventó el hallazgo de unas célebres tablillas y pergaminos en Granada, de los que al final se descubrió que su supuesta antigüedad era todo un fraude, y en los que naturalmente se apoyaba esa ausencia del Original Pecado.

No obstante, fue en aquel 8 de diciembre de 1854, cuando Pío IX, revestido de solemnidad, sentado en su trono, la “Silla de Pedro”, y con el peso de la Tiara sobre su cabeza y en la basílica de San Pedro repleta de gente, promulga, sin concilio alguno, el dogma de la “Inmaculada Concepción de María”.
Para ello no se tuvieron en cuenta las opiniones contrarias que habían tenido personas tan representativas en la Iglesia como el citado Tomás de Aquino, San Juan Crisostomo y San Bernardo de Claraval.

La escalada continuaba en torno a la figura de María y en la segunda parte del Concilio Vaticano II se la declaró “Madre de la Iglesia”.

Como vemos, trazar una biografía, una semblanza tan siquiera de esa mujer llamada “Mariam”, “María”, “Madre de Dios”, “Inmaculada” y “Madre de la Iglesia”, es prácticamente imposible a la rigurosa luz de los documentos tan dispares y contradictorios que se tienen.

Las apariciones marianas no son más que el colofón a esa escalada “deística” de María.

Fuente: Los Apócrifos y otros libros prohibidos. José María Kaydeda

jueves, 2 de enero de 2014

Los Apócrifos

Apócrifos Neotestamentarios

Etimológicamente “Apócrifos” significa cosa escondida u oculta, y de cómo el libro “Apócrifo” era solo para uso privado de los componentes de las sectas. Por eso, antes de ese tipo de libro “ apócrifo” mesiánico, ya eran “apócrifos” todos aquellos libros que cumplían la misión de ser lectura de los iniciados. Es años más tarde cuando la palabra “apócrifo” cambia de signo y pasa a significar escrito sospechoso de autenticidad, o bien de autenticidad dudosa.

Dentro del cristianismo el significado de “apócrifo” tomó además nueva acepción,  libro sospechoso de herejía o bien, poco recomendable. Los “Apócrifos”, independientemente de los paganos, se sobreentiende que hacen referencia a los del Antiguo o Nuevo Testamento.

Los “Apócrifos Neotestamentarios” son aquellos que atañen al Nuevo Testamento. Parece ser por lo que ya cuenta Lucas que desde el principio ya hubo quién se dedicó a recoger noticias, leyendas y toda clase de narraciones que se atribuyeron a Cristo. Orígenes ya hacia diferencias entre los “Evangelios” inspirados y otros, compuestos sin inspiración divina.

Los apócrifos del “Nuevo Testamento” tienen la misma división que los canónicos: “Evangelios”, “Hechos”, “Epístolas” y “Apocalipsis”. Es el grupo primero el que tiene mayor número de “apócrifos”.

Lo lamentable es que los apócrifos más antiguos, aquellos que eran verdaderamente interesantes y que más comprometían el “mesianismo” de Jesús, han desaparecido, y lo que nos queda son una serie de reelaboraciones que han ido eliminado lo inconveniente heterodoxo, para acercarlos más al sentido ortodoxo de la Iglesia. Estas copias ya adulteradas se conservan casi todas en griego aunque hay también copias coptas, siriacas, armenias, etíopes, árabes y eslavas.

El fenómeno de esta literatura evangélica tiene su primordial sustento en el pueblo llano y simple. Es natural que ese pueblo quisiera recopilar los hechos, y las historias que faltaban en los canónicos.

En los principios del cristianismo no existía una literatura evangélica. Eran solamente relaciones orales en cierto modo confusas y más bien vagas y contradictorias. Después, aparecieron escritos en que se afirmaban opiniones de sectas teológicas, cada una de las cuales procuraba defender su doctrina apoyándose en la autoridad de la figura de Cristo y perjudicando a los restantes. Naturalmente si queremos encontrar la sabia evangélica, no la haremos precisamente en el texto de los canónicos, sino en los textos de más antigüedad que nos descubren, una tradición genuinamente judaica. Lo difícil es encontrar el escrito que interprete fielmente esa tradición.

Si tenemos que historiar con precisión, hay que reconocer que en realidad, y así lo firman los críticos imparciales, “el Evangelio es anterior a los evangelios”. Esto es así porque la palabra “evangelio” nada tenía que ver con la escritura, sino meramente con la “palabra”, es decir, era la “buena nueva” y por derivación, el mensaje de liberación del que hablaban los profetas. Tenemos entonces que exceptuando los “Evangelios”, nada de lo que se llamó “evangelio” tiene algo que ver con textos biográficos. De hecho, entonces, no existe, no hay tal evangelio original y primitivo. Ese fantástico “protoevangelio” no ha existido jamás. Quede bien claro que en aquellos tiempos “evangelistas” no eran más que el portador del mensaje.

Para encontrar aplicada esta palabra el que “escribe”, es necesario llegar a Orígenes y a San Hipólito.

La expansión evangélica comenzó cuando empezó a unificarse el “Cristo” con el “Logos”, lo que hizo más rápida su expansión fuera de las fronteras de Palestina, precisamente porque el nombre de “Cristo” adquiría tan sólo una personificación metafísica en detrimento del valor social del mensaje, al convertirlo en materia teosófica. En resumen, cabría decir que las auténticas sentencias de Jesús, que nos cita Papúa son las que regían y guardaban los nazarenos como “doctrina secreta”. Como dice E. G. Blanco: “El mito creó los evangelios, el espíritu dogmático los conservó y la crítica los ha destruido”. Por todo ello, es lógico que la seguridad histórica de los “Sinópticos” no pueda ser tomada en cuenta por carecer precisamente de esa base histórica.

Se nos dice además que fue el “Espíritu Santo” el que inspiró esos escritos. La verdad es que, como apreciaba Holbach: “Su estilo es de una vulgaridad que se hace insufrible a los hombre ilustrados”.

Conjuntamente con esos cuatro Evangelios, más tarde convertidos en “Canónicos”, existían, leían y veneraban otra serie de Evangelios más. Esto es un hecho cierto, como escribía Freret, reconocido por todos los sabios, confesado por los defensores del cristianismo, que desde los primeros tiempos de la Iglesia y aún desde los de la fecha misma de los libros del “Nuevo Testamento”, se publicaron una multitud de escritos atribuidos a Jesús, a la Virgen, a los Apóstoles, y a los discípulos.

En aquella época, Fabricio, que recogió cuantos pudo, contaba ya con la existencia de cincuenta, que tenían el único título de “Evangelios”. Es lógico que todos estos escritos tuvieran sus partidarios. Lo cierto es que esos libros confundieron con facilidad a los fieles de aquellos tiempos. Es fácil imaginarse el caos que tuvo que producirse con tanto libro salido al mismo tiempo y además hay que tener en cuenta que se esperaban y eran recibidos con respeto, devoción y admiración. La verdad entonces es que cómo iba a ser posible distinguir auténticos de falsos. Pero donde llega ya el desconcierto es cuando nos encontramos con que los primeros Padres de la Iglesia, los citan con devoción en sus escritos, Santiago, San Clemente Romano, San Bernabé y San Pablo, incluyen citas sobre palabras de Jesucristo, sacadas de los llamados “apócrifos”. Los mismos textos canónicos citan textos apócrifos.

Lo que sí es ya más grave es que en los apologistas cristianos ignoran los “canónicos”, no los han conocido. Hasta San Justino no encontramos en los escritos de los apologistas, más que citas sacadas de los “Evangelios Apócrifos”. Podemos decir con seguridad que ni Mateo, ni Marcos, ni Lucas, ni Juan, están nombrados en San Clemente Romano, ni en San Ignacio ni otros de los primeros tiempos.

Para darnos clara cuenta del fenómeno histórico “Apócrifos” hay que considerar que esos libros fueron publicados al mismo tiempo, e incluso antes que los que hoy pasan por “inspirados”. Lógicamente no hay motivo para creer en la autenticidad de unos y la falsedad de otros.

Si hacemos un somero repaso a los “Evangelios” “inspirados” nos encontramos con que el “Evangelio de Mateo” no es más que una colección de textos agrupados por un ingenioso redactor, que no hizo más que acoplar el resumen de Marcos y los antiguos “logia” de Mateo, añadiendo una serie de tradiciones orales que no tienen el menor crédito ante la crítica. Es más, ni el mismo Evangelio se anuncia como de Mateo.

En lo referente al de Marcos, no podemos olvidar las serias críticas que tuvo, poniendo en duda su origen apostólico. Además, este Macos hay que aclarar que no es el primo de Bernabé. No se sabe de dónde sale, pues además no es judío dado que todo lo escribió en griego.

Si estudiamos el de Lucas encontraremos que se compone de dos partes sin entronque entre sí. Uno el gran fragmento testimonial, el que parece ser de Lucas y el otro, el prólogo de que en realidad va separado del cuerpo del libro. Esto hace suponer que es un añadido. Una adición tardía y muy intencionada.

Repasando el de Juan con un sereno estudio crítico, nos encontramos que es el gran esfuerzo del cristianismo para introducir a Jesús en la historia. La importancia de este “Evangelio” está en que nos muestra el origen gnóstico del cristianismo. El cristianismo de Juan es el tipo más antiguo de cristianismo, por lo tanto anterior a los “Sinópticos”. Yendo más lejos este cuarto “Evangelio” es el producto de la unión del politeísmo helenista con el monoteísmo judaico, que tendría su origen en la civilización egipcia más primitiva.

Resumiendo, estos son los cuatro “Evangelios” que las Iglesias cristianas, católica, griega y protestante, impusieron a partir del concilio de Laodicea. Esto es, cuatro evangelios simétricos, impuestos por auténticos e inspirados. Por otra parte se dá la prohibición absoluta de tomar por ciertos los otros.

Entre ese paquete de Evangelios condenados figuran algunos tan importantes como los de Sto. Tomás, San Pedro, San Andrés, San Tadeo, San Bartolomé, San Pablo, San Matatías y el de Nicodemo y Santiago. Aún podríamos tener otro grupo de especial interés con el “Evangelio de la Perfección” el de los “Doce Apóstoles”, y el de “La Infancia” y “Los egipcios”. Un tercer grupo lo formarían los de San Felipe, San Bernabé, Marción, Apeles y seguiríamos en larga lista. Son muchos los documentos de este tipo que se podrían presentar frente a la dogmática ortodoxia de los Concilios de Nicea y Laodicea. Uno se pregunta como puede seleccionarse así, con leyenda de milagro, tal como contamos en el capítulo de “Nicea Concilio Ocultista”, donde brillo por su ausencia el más mínimo sentido crítico y lógico.

Después de algunos años, cuando los católicos alcanzaron poder, recuperaron una lógica, pero negativa, y fue el sumir en la oscuridad y el olvido los libros que les resultaron ingenuos y destruyeron aquellos cuyos escritos eran molestos. Esto no es una apreciación particular, ni mucho menos. Actualmente los procedimientos de investigación histórica nos han permitido conocer a la perfección el panorama de la aparición, evolución y destrucción de muchos “apócrifos”.

Lo incomprensible, es lo que sigue en este proceso de estudio de los “apócrifos” y es que habiéndose reconocido que los “apócrifos” que se han catalogado de “heterodoxos” por el catolicismo, parecen precisamente los de más antigüedad. Estos, por pura lógica, deberían entonces ser los más autorizados. Todo lo contrario ocurre con los “ortodoxos”, que son posteriores a los tildados de heréticos, y no obstante se les considera veraces, auténticos y canónicos, amén de inspirados.

Esto no es óbice para que siendo críticos imparciales nos demos cuenta que, al parecer, por los escritos que nos llegan de Juan y de Pablo nada sea perfecto y tanta ley del “Antiguo y Nuevo Testamento” no sea correcta ya que S. Juan atribuye la ley antigua al Padre, y la nueva al Hijo cuando escribe que dijo Jesús: “Mi Padre ha obrado hasta el presente, y ahora obro yo”. Uno se pregunta si el Hijo vino a enmendar o perfeccionar las leyes del Padre, que es Dios. El hecho es grave. Pero resulta además que no va a ser esta de ahora tampoco la perfecta, pues Pablo en la “Epístola primera a los Corintos” les dice que cuando venga la perfección, entonces, lo que es imperfecto, será abolido. Parece ser que el nuevo legislador, será, según Jesús, el “Paracleto”, el “Espíritu Santo” como también nos dice San Juan.

Otro dato desconcertante y en cierto modo anacrónico, es que las “Epístolas” de Pablo son mucho más antiguas que los “Evangelios”. Entonces como se explica, si Pablo no conoció a Jesús y nunca nos dice nada de su vida, del Mesías sólo manifiesta un conocimiento teológico. Los “Evangelios”, “canónicos” o “apócrifos”, son un verdadero laberinto sin salida.

Con todo lo expuesto podremos comprender ahora con que poco fundamento son llamados “apócrifos” por los ortodoxos, todos aquellos que caprichosamente catalogaron así. Al evangelista que no entró dentro del criterio eclesial se le dijo espúreo. Es inconcebible que no se dieran cuenta que tanto Mateo, como Marcos, Lucas y Juan, incluso el “Apocalipsis” y las “Epistolas” son documentos tan sospechosos de ser inauténticos, como los “Apócrifos”.

No se ha tenido en cuenta que todos esos escritos no son en modo alguno originales de primera mano. Lo inconcebible es que no les importara en absoluto que aquellos textos fueran inauténticos. De ahí que todos los canónicos sean tan apócrifos como los otros. Aunque resulta duro reconocerlo, entre los investigadores y estudiosos ecuánimes y sensatos, hay muchas dudas de que los “Evangelios” no son documentos históricos ni apostólicos. Lo cierto es que sus narraciones parecen pertenecer al mundo de la fábula.

Tenemos que considerar que ninguno de los pretendidos apóstoles escribió palabra en “Evangelio” alguno, y que además no hay tampoco indicios de que sean suyos. Es por lo tanto un hecho que los autores de esos Canónicos Evangélicos que se han supuesto Apóstoles, nada tienen que ver con aquellos discípulos de Cristo. Sólo parecen el resultado de una tradición oral que siglos más tarde se compiló en libros. La verdad es que fueron muchos, muchísimos los libros confeccionados con esas características. Fueron compuestos por la cantidad de sectas entonces existentes y sin precisión directa de veracidad alguna. Su valor como documentos históricos es nulo, dado que sólo la fe, la imaginación y devoción fue su guía. De todo este caso literario no se pueden pretender sacar conclusiones ciertas. En resumen, no puede saberse ni cuando predicó Jesús, ni conocerse exactamente la temática de sus sermones, y mucho menos que prodigios fueron realizados, pues muchos de los contados rayan en lo ridículo e inverosímil. No es extraño que esto sea así, dado que el “Nuevo testamento” fue un calco del “Antiguo”, fantaseado y modificado por la costumbre entonces en voga, dentro de las sectas cristianas, de hacer panegíricos escritos de la tradición oral.

Ahora bien, en cuanto a la cronología de los “Evangelios Sinópticos” no es cuestión aquí de hacer un estudio exhaustivo para afirmar el orden de su aparición, baste, creo yo, decir que después de muy serios y minuciosos estudios, el orden establecido, en discrepancia con la iglesia, es el siguiente: Marcos, Mateo y Lucas. Cierto es también que hay exegetas que sostienen que el orden es Lucas, Mateo y Marcos. Lo que resulta cierto es que Mateo es el primero, y que sólo se lo impuso así la Iglesia al creer que por haber visto los hechos, y ser más contemporáneo, conocía mejor lo ocurrido.

Si hemos de escribir en verdad, tenemos que reconocer que los “Evangelios Canónicos”, tenidos como “inspiración” por el “Espíritu Santo” tienen una datación tan incierta como los mal llamados apócrifos.

Entrando en la antigüedad de los apócrifos nos sucede algo parecido para datarlos, así el “Protoevangelio de Santiago” este libro es una colección de narraciones que se compone de tres partes. Las primeras corresponden a la historia de la concepción de María y el nacimiento de Jesús. La parte tercera corresponde a la historia de Zacarias y que parece añadida más tarde.

Sobre el Evangelio del “Pseudo Mateo” y de la “Natividad” tenemos conocimiento que han sido unos arreglos recogidos del “Protoevangelio”, posteriores por lo tanto a él y con desconocimiento de su datación. Las mismas dudas tenemos con la ”Historia de José el Carpintero”, del que se desconoce su edad, pero sabiendo que el documento primitivo del que salió, es mucho más antiguo que el original griego en que se conserva, supondría pertenecer al siglo III ya que el Griego actual pertenece al siglo IV. En cuanto al “Evangelio de Santo Tomás” pasa a ser una derivación del “Protoevangelio”, lo que le situaría en el año 150, siglo y medio después de los hechos que narra.

Nos encontramos ahora que al considerar el “Apócrifo” del “Evangelio de la Infancia”, tanto en su redacción armenia, como árabe, su edad no es tan antigua como la de los anteriores “apócrifos” mencionados yéndose al siglo V su narración.

Tenemos ahora los “Evangelios apócrifos de Nicodemo y San Pedro”. Aún cuando sobre ellos hay verdadera discusión cronológica y grandes discrepancias, siendo justos y aunque mal le pese a la Iglesia, tenemos que considerarlos uno de los documentos más antiguos del cristianismo. Esta antigüedad está manifestada en el sentido gnóstico de su mensaje. Nadie puede negar ya que precisamente el gnosticismo fue la forma originaria del Cristianismo. Esto coloca este “apócrifo” de Nicodemo en anterioridad al de “Pseudo Jacobo”.

El “Evangelio de San Pedro”, es posiblemente aún más antiguo que el de Nicodemo y parece haber sido escrito en Egipto. Dadas las varias investigaciones cabe afirmar que este “apócrifo” existía ya antes de que finalizara el siglo I.

Pasando ahora al “Evangelio de San Bernabé”, tenemos que la sorpresa es mayor, pues nada lo relaciona con el Apóstol y cuyo texto no hace más que suscitar sospechas muy difíciles de clasificar.

No ocurre así con el “Evangelio de San Bartolomé”, que es un conjunto de fábulas, fantasías delirantes y supersticiones que ha hecho que apenas hablen de él los Padres de la Iglesia. Es de sospechar, no obstante, ese silencio a la antigüedad de este “apócrifo” que parece ser anterior al resto.

Pasando al “Evangelio de San Felipe”, nos encontramos con una redacción de doctrinas mágicas y piadosas. No consta tampoco su antigüedad, pero es indudable que data del principio gnóstico del cristianismo y es muy posible, que al ser anterior, en él se haya inspirado el evangelista canónico San Lucas. Esto situaría a este “apócrifo” de San Felipe dentro del siglo I.

Hay que considerar que, con respecto a los Evangelios “Cataro del Pseudo Juan” de “La venganza del Salvador”, de “La muerte de Pilatos”, “El Transito de la Bienaventurada Virgen María” y el de la “Correspondencia apócrifa entre Jesús y Abgaro, rey de Edesa” no podemos datarlos con un mínimo de seguridad.

De un modo distinto fue el nacimiento del “Evangelio de los Ebionistas”, que muy posible es el mismo evangelio hebreo. Su lectura es impersonal y su impregnado judeocristianismo hace que la crítica lo sitúe como el más antiguo de todos, “apócrifos” y “canónicos”.

El llamado “Evangelio de los Egipcios” es aun más impersonal, se confunde a veces con el de los hebreos. No obstante es de cronología más dudosa dado que está lleno de alteraciones e interpolaciones que le desvirtúan.

Quedan todavía otra serie de “apócrifos”, todo un resto, entre los perdidos y los más recientes. Sabemos que el de Taciano se escribió en el año 173 y no conocemos el origen del de “Ammonio”. En cuanto al “Evangelio de Valentino” nos cabe decir que su origen es del siglo II, casi a finales. Sobre las “Sentencias” solo consta que eran de uso en las sectas cristianas, y que además fueron aceptadas por los Padres de la Iglesia.

Una vez más con una persistencia desesperante nos encontramos con que profundizando en la investigación de los orígenes de toda esa serie de documentación “apócrifa” o “canónica”, la carencia de datos sobre la persona, la vida y la predicación de Cristo es impresionante. Sin embargo existen otra serie de documentos, crónicas más antiguas que los “Evangelios” de todo tipo, que nos descubren una imagen de Jesús fantástica y de cómo se forjó esa figura imaginaria por los judeocristianos.

De todos modos hay que tener en cuenta la existencia de un libro titulado “Rabbi Jeshua” de autor anónimo, que nos habla de cuatro documentos de los que Réthoré saca la conclusión de que la auténtica literatura cristiana primitiva, está compuesta por esos cuatro libros, que son: una crónica atribuida a Rabbi Saul, seguramente San Pablo. Otra crónica de redacción conforme a la estrechez de miras de los fariseos de la secta de Shammai. Una crónica original de un judío de Alejandría. Y por último un relato poco extenso y muy sucinto sobre la vida de Rabbi Jeshua. Estos, en resumidas cuentas serían los Preevangelios de todos los Evangelios.

A pesar de todo esto, existe la creencia en ciertos historiadores testamentarios, que hay un documento único, y que ha sido común a todos lo apócrifos. Documento no encontrado pero que no cejan en su búsqueda los partidarios de esta teoría. Así están las cosas en cuanto a Evangelios, Canónicos o Apócrifos se refiere.

No vamos aquí a seguir con un estudio, explicación, significado y guía del lector, sobre cuanto en los “Apócrifos” se cuenta. Son estas las cosas que cada uno debe de sacar en conclusión con su lectura. Sólo haremos unas consideraciones que el lector comprobará cumplidamente. Como dice Almeida Pavía: “La fijación de la media noche para la hora del nacimiento de Cristo no pasa de ser una leyenda solar, sin el más mínimo vestigio de fundamento histórico y que parece deber su origen, en parte, a una interpretación alegórica de ciertos textos del Antiguo Testamento, que nada tienen que ver con el caso, y, en parte, a las leyendas de Mitra y de otras divinidades solares, acerca de los cuales se refieren cosas parecidas.

Por otra parte se dará cuenta el lector que la fecha del nacimiento de Cristo resulta tan desconocida como la de su muerte. Es más, aunque supiéramos la primera sería dificilísimo conocer la segunda dado que desconocemos los años que vivió. No se sabe hoy, y tampoco lo supieron aquellas primeras generaciones cristianas, y lo digo por que encontramos contradicciones flagrantes entre ellos. Unos hablan de veintisiete otros de treinta, algunos de treinta y tres, e incluso hay quien le hace cumplir los cincuenta, como Papías y además así lo sugiere el cuarto “evangelio”. Es pues algo totalmente absurdo y desconcertante el que se ignore la fecha de nacimiento del personaje que como dice E.G. Blanco “con su figura mesiánica ha tenido sojuzgada espiritualmente a Europa durante dos mil años. Los que a pesar de ello se aferran en admitir su existencia no pueden atenerse a su fecha canónica, tal como ha querido sacársela de los “Evangelios”, sin enredarse en dificultades y contradicciones apelables muy difícilmente en el tribunal de la crítica.

Y voy a cerrar esta introducción a los apócrifos con algo desconocido por lo general de los católicos, y es que si hay un documento, con indiscutible interés, es el Talmud. Pues bien, en él aparecen unas historias bochornosas de Cristo. Es verdaderamente una noticia sorprendente y según lo que nos cuenta, Jesús vivió un siglo antes de la era cristiana y no murió en la cruz ni en Jerusalén, murió en Lud y apedreado, según prescribe la ley judaica.

Resumiendo, el testimonio de los Evangelios es históricamente nulo. Por otra parte, y lo dice el Talmud, Jesús existió.

Fuente: Los Apócrifos y otros libros prohibidos. José María Kaydeda

jueves, 8 de agosto de 2013

Las enseñanzas y vida secreta de Jesús

¿Vosotros quien pensáis que soy yo? (Mateo, 16:15)

Esta pregunta que hizo el rabí hebreo a sus discípulos sigue vigente hoy, casi dos mil años después. Sin duda, no podemos acreditar rigurosamente la existencia del personaje que mas tinta ha hecho correr durante siglos de la historia occidental, pero tampoco en ningún caso desmentirla.

Del periodo de la niñez de Jesús, existen pocos relatos de su vida entre los evangelios canónicos que agrupa el Nuevo Testamento, reduciéndose a un pequeño grupo de pasajes. Entre ellos se narra el viaje a Egipto para liberarse de la persecución de Herodes (Mateo, 2:12-23) algunos pasajes de su vida en Nazaret (Mateo, 2:23; Lucas, 2:39) y un relato aislado de Jesús en Pascua por tierras de Jerusalén (Lucas, 2:41-50).

Además hay un periodo indocumentado de su vida comprendido entre los doce y treinta años. La laguna de dieciocho años en la vida de Cristo, hace pensar que Jesús avanzo y creció en sabiduría viajando y comprendiendo culturas y religiones distintas a la suya. La existencia de los manuscritos de Lahsa en los que aparece su figura encontrados en India y Tíbet, y los escritos Sánscritos del Bhavishya Mahapurana, hace suponer que Jesús no vivió en ese periodo en Nazaret si no que supuestamente recorrió otras culturas buscando sabiduría.

En los evangelios apócrifos, que mayoritariamente aparecen en los primeros siglos del cristianismo, aunque los más recientes aparecen a principios del siglo XX, en torno a la figura del Cristo, se narran con detalle pasajes de la infancia desconocida de Jesús. Estos evangelios apócrifos no están incluidos actualmente en las distintas iglesias cristianas históricas, pero algunos de ellos han formado parte como escritos canónicos por comunidades o grupos del cristianismo, haciendo incursión en la liturgia y la piedad de los fieles. En la actualidad, de esos textos apócrifos adoptamos muchos datos que asumimos como verídicos y son omitidos en los textos canónicos, entre muchos otros, el número y nombre de los reyes de oriente que adoraron al niño Jesús, el nombre del buen ladrón y del soldado que atravesó el costado de Jesús en la cruz, así como los nombres de los padres de María madre del maestro. Además la temática y el texto de algunos evangelios canónicos fueron inspirados supuestamente por textos apócrifos de gran similitud que aparecieron con anterioridad.

Aunque estos textos hoy en día no son considerados de inspiración divina por las distintas iglesias cristianas, por no aportar supuestamente contenidos de relevancia para la fe, motivo puramente subjetivo, no cabe duda de su utilidad para conocer el pensamiento, que tuvieron los distintos grupos de fieles dentro del marco histórico y para tener una visión más explícita de la vida de Jesús el Cristo.

Del Evangelio apócrifo de Pseudo-Tomás podemos sacar relatos interesantes de la infancia de Jesús. Este evangelio es el único relato que nos ha llegado del cristianismo primitivo tratando la niñez de jesús desde los seis hasta los doce años de edad, las otras narraciones canónicas como los relatos de Mateo y Lucas y el apócrifo protoevangelio de Santiago se centran únicamente en el nacimiento de Jesús y los acontecimientos inmediatamente posteriores.

El evangelio apócrifo de Pseudo-Tomás, surgió a mediados del siglo II d C y fue probablemente escrito en griego, se cree que en Asia Menor. Se ha tachado con frecuencia de ser un relato de escasa calidad literaria, siendo denigrado por el contenido de ciertos pasajes y asociado con ambientes heréticos, una suerte que no se merece en absoluto.

Los gorriones hechos con barro
II 1. El niño Jesús de cinco años de edad, jugaba en el vado de un arroyo, y traía las aguas corrientes a posar, y las tornaba puras enseguida, y con una simple palabra las mandaba.
2. Y, amasando barro formó doce gorriones, e hizo esto un día de sábado. Y había allí otros muchos niños que jugaban con el.
3. Y un niño judío, que había notado lo que hacia Jesús, fue acto seguido, a comunicádselo a su padre José, diciéndole: he aquí que tu hijo está cerca del arroyo, y, habiendo cogido barro, ha compuesto con el doce gorriones, y ha profanado el sábado.
4. Y José se dirigió al lugar que estaba Jesús, lo vio, y le gritó: ¿Por qué haces, en día de sábado, lo que no está permitido hacer? Pero Jesús, dando una palmada, y dirigiéndose a los gorriones, exclamó: Volad. Y los pájaros abrieron sus alas, y volaron piando con estruendo.
5. Y los judíos quedaron atónitos ante este espectáculo, y fueron a contar a sus jefes lo que habían visto hacer a Jesús.

El niño caído de una terraza.
IX 1. Algunos días después, Jesús jugaba en una terraza, sobre lo alto de una casa, y uno de los niños que jugaba con el, cayó de la terraza y murió. Y, viendo esto, los demás niños huyeron, y jesús quedó solo
2. Y, habiendo llegado los padres del niño muerto, acusaron a Jesús de haberlo hecho caer. Jesús les dijo: yo no hice tal. Y lanzaron incentivas contra el.
3. más Jesús se bajo de la terraza, se detuvo cerca del cuerpo del niño caído, gritó a gran voz diciendo: Zenón levántate y dime: ¿soy yo quien te hizo caer? Y, habiéndose levantado inmediatamente el niño repuso: No señor, tu no me has hecho caer, sino que me has resucitado. Y los espectadores del lance quedaron conmovidos de asombro. Y los padres del niño glorificaron a Dios por el milagro cumplido, y adoraron a Jesús.
Resurrección de un joven
X 1. Pasados otros cuantos días, un joven cortaba leña en las proximidades del pueblo. Y he aquí que su hacha le hendió la planta del pie y murió, por haber perdido toda su sangre.
2. Y, como ello produjera una aglomeración y tumulto de gentes, el niño Jesús corrió también allí, y haciéndose sitio, atravesó la multitud, y tomó el pie herido del joven, que enseguida quedó curado. Y dijo al joven: Levántate, sigue cortando leña, y acuérdate de mí. Y la multitud al ver lo que había pasado, adoró al niño, diciendo: Verdaderamente, el espíritu de Dios reside en ti.

El milagro del grano de trigo
XII 1. Otra vez en la época de siembra, el niño salió con su padre para sembrar trigo en el campo, y, mientras su padre sembraba, el niño Jesús sembró también un grano de trigo.
2. Y, una vez lo hubo recolectado y molido, obtuvo cien medidas y, llamando a la granja a todos los pobres de la aldea, les distribuyó el trigo, y José se quedo con lo que aun restaba. Y Jesús tenía ocho años cuando hizo este milagro.

Después de este periodo de la infancia de Jesús tan poco documentado en el Nuevo Testamento, aparecen dieciocho años de silencio absoluto que rompen la continuidad del relato bíblico, abriéndose un paréntesis en los cuatro evangelios canónicos, hasta reaparecer el maestro en la vida pública a los treinta años de edad.

…cuando Jesús comenzó tenía unos 30 años. (Lucas, 3:23)

A finales del siglo XVIII dC un viajero ruso llamado Nicolai Motovich exploraba los territorios del norte de la India, situados cerca de Leh capital de Ladakh, región montañosa limítrofe entre Cachemira y el Tíbet. En la gran biblioteca de obras sagradas de la lamasería de Hemis a unos cuarenta kilómetros al sureste de Leh, Motovich al conversar con el lama principal este le refiere que en la lamasería de Moulbek, le habían sido narrados ciertos pasajes interesantes de un tal profeta Isa. Continuó el lama explicando que en los archivos de Lhasa había unos 84.000 manuscritos disgregados en distintos santuarios en los que existían abundantes detalles del profeta Isa.

Según relata Notovich, Isa/Jesús en un principio viajó a Afganistán, y luego pasó por Cachemira, hasta llegar a los montes de Mulbekh, en Ladakh. En la biografía budista escrita en lengua Palí, aparecen 244 versos que hablan del Santo Isa. Una de ellas narra que se reencarnó en el hijo de una familia pobre, un niño sagrado que cuando alcanzó la edad de trece años se le condujo a la India para que estudiara las leyes del Buda.

A esta edad de trece años, según la tradición hebrea todo varón debía tomar esposa. Entonces para no romper la tradición, abandonó la casa de sus padres en Jerusalén, y viajó al Oriente por la ruta de la seda, con la idea de perfeccionarse en “La Palabra Divina”.

Estos manuscritos conservados en la lamasería Hemis de Ladakh que fueron copiados de los manuscritos originales que se conservan en Lhasa capital del Tíbet, pueden ser traducidos de la forma siguiente:

Poco tiempo después un hermoso niño nació en el país de Israel; el mismo Dios habló por boca de este niño explicando la insignificancia del cuerpo y la grandeza del alma.
Los padres de este niño eran gente pobre, que pertenecían a una familia distinguida por su piedad, que había olvidado su antigua grandeza sobre la Tierra, celebrando el nombre del Creador y agradeciéndole las desgracias con que los había provisto.
Para premiar a esta familia por el hecho de haber permanecido firme en el camino de la verdad, Dios bendijo a su primogénito y lo eligió para que redimiera a aquellos que habían caído en desgracia y para que curara a aquellos que estaban sufriendo.
El niño divino, al que dieron el nombre de Isa, comenzó a hablar, siendo aún un niño, del Dios uno indivisible, exhortando a la gran masa descarriada a arrepentirse y a purificarse de las faltas en que habían incurrido.
La gente acudió de todas partes para escucharlo y quedó maravillada ante las palabras de sabiduría que surgían de su boca infantil; los israelitas afirmaban que en este niño moraba el espíritu santo.
Cuando Isa alcanzó la edad de trece años, la época en que un israelita debe tomar una mujer.
La casa en que sus padres se ganaban el pan mediante una labor modesta, comenzó a ser sitio de reunión de la gente rica y noble que deseaba tener al joven Isa por yerno, siendo así que en todos lados era conocido por sus discursos edificantes en nombre del Todopoderoso.
Fue entonces cuando Isa desapareció secretamente de la casa de sus padres, abandonó Jerusalén, y se encaminó con una caravana de mercaderes hacia Sindh.
Con el propósito de perfeccionarse a sí mismo en el conocimiento divino y de estudiar las leyes de los grandes Budas." (Verso 5 sección 4)


El manuscrito sigue contando que Isa/Jesús a los catorce años de edad se estableció entre el pueblo de los Aryas, extendiéndose su fama por toda la región, luego prosiguió hacia donde yacían los restos mortales de Vyasa-Krishna, donde fue recibido por los sacerdotes Brahma, que le enseñaron los sagrados Vedas. Tuvo conflictos religiosos con la casta sacerdotal de los brahmanes cuando habló de la igualdad de los hombres, los brahmanes tenían sometidos a los Shudras y afirmaban que sólo quedarían libres de su esclavitud con la muerte.

Fue invitado por los brahmanes a abandonar a los Shudras y practicar las creencias brahmánicas, pero en lugar de obedecer a estos predicó en contra de ellos, condenando el sometimiento de los Shudras, y defendiendo la creencia de que Dios no había establecido ninguna diferencia entre sus hijos.

Negó la Trinidad Hindú y la encarnación de Para-Brahma en Vishnu Siva y otros dioses, combatió la idolatría y defendió la existencia de un solo y único Dios Todopoderoso. Finalmente, debido a su labor en favor de los Shudras, los sacerdotes brahmánicos decidieron su muerte, enviando a sus servidores en busca del joven profeta. Pero Jesús, advertido del peligro por los Shudras, abandonó de noche Jagannath, llegó hasta las montañas, y se estableció en una zona en la que hacía cinco siglos había nacido Gautama Buda.

Aprendió la lengua Palí, y comenzó el estudio de los sagrados Sutras. Seis años después Jesús conocía perfectamente estos libros sagrados, entonces abandonó el Nepal y las montañas del Himalaya, y descendió al valle de Rajputana, encaminándose hacia el Oeste

Cuando Jesús entró en Persia los sacerdotes prohibieron al pueblo que escuchara sus palabras. Pero como el pueblo desobedeció, los sacerdotes le capturaron y entablaron un largo diálogo con él. Durante este diálogo Jesús intentó convencerles de que abandonasen el culto al Sol, afirmando que este fue creado por el Dios único, el Dios del bien, no existiendo en ningún caso un Dios del mal. Los sacerdotes le escucharon y decidieron llevarlo fuera de las murallas de la ciudad y abandonarlo a su suerte, con la esperanza de que fuera presa de las fieras salvajes. Pero Jesús continuó su camino.

Posteriormente al descubrimiento de estos manuscritos Tibetanos, en el año 1908 dC aparece un nuevo evangelio apócrifo, el más reciente de todos “El Evangelio de Acuario” escrito por Levi H. Dowlin. Su contenido, según el autor es extraído de los Registros Akáshicos o memoria universal, después de cuarenta años de profunda meditación. En este evangelio se relata parte de la historia perdida de Jesús, los dieciocho años que este viajó por los monasterios Tibetanos, por Egipto y por los templos de la India, Persia, Asiria y Grecia, donde visitó a videntes, adivinos, monjes y sabios de cada lugar.

SECCION VI, Vida y trabajos de Jesús en la India  
21. Ravanna el príncipe real de Osiria, ve a Jesús en el templo y queda cautivado. Hillel le habla acerca del niño. Ravanna encuentra a Jesús en Nazaret y da una fiesta en su honor. Ravanna llega a ser el protector de Jesús, y se lo lleva a la India a que estudie la religión Brahmánica…
22. La amistad de Jesús y el sacerdote Lamaas. Jesús explica a Lamaas el significado de Verdad, Hombre, Poder, Comprensión, Sabiduría, Salvación y Fe…
23. Jesús y Lamaas entre los sudras y visyas. En Benares Jesús viene a ser discípulo de Udraka el más grande curador hindú. Las lecciones de Udraka el curandero del Ganges…
24. La doctrina brahmánica de castas. Jesús la repudia y enseña la igualdad humana. Esto ofende a los sacerdotes que lo arrojan del templo. Mora con los sudras y les enseña…
25. Jesús enseña a los sudras y a los campesinos. Relata la parábola de un noble y de sus hijos injustos. Hace conocer las potencialidades de todo hombre...
26. Jesús en Katak. El carro de Jagannath. Jesús revela a las multitudes lo vacío de los ritos brahmánicos, y como ver a Dios en el hombre. Le enseña la ley divina del sacrificio…
27. Jesús asiste a una fiesta en Behar. Predica un sermón revolucionario sobre la igualdad humana. Relata la parábola de las espigas quebradas…
28. Udraka da una fiesta en honor de Jesús. Jesús habla de la Unidad de Dios y de la hermandad de la vida. Critica al sacerdocio. Es el huésped de un campesino….
29. Ajainín, sacerdote de Lahore, viene a Benares a ver a Jesús, y mora en el templo, Jesús rehúsa una invitación a visitar el templo. Ajainín le visita durante la noche en la casa del campesino y acepta su filosofía…
30. Jesús recibe la noticia de la muerte de su padre. Escribe una carta a su madre. La carta. La envía por mano de un comerciante…
31. Los sacerdotes bráhmicos enfurecidos por las enseñanzas de Jesús, resuelven arrojarle de la India. Lamaas el sacerdote brahmánico intercede por él. Los sacerdotes emplean a un asesino para que le mate. Lamaas se lo advierte y Jesús huye a Nepal…
32. Jesús y Barata el sacerdote budista. Juntos leen los libros sagrados. Jesús objeta la doctrina budista de la evolución y revela el verdadero origen del hombre. Se encuentra con Vidyapati que llega a ser su colaborador...
33. Jesús enseña al común de gente al lado de un arroyo. Les dice como se adquiere la felicidad. Relata la parábola del terreno de roca y del tesoro oculto…
34. El Jubileo de Kapavistu. Jesús enseña en la plaza y las gentes se asombran. Relata la parábola de la viña descuidada y de la viña cuidada. Los sacerdotes se enojan por sus palabras…
35. Jesús y Vidyapati consideran las necesidades de la era del mundo que comienza…

SECCION VII, Vida y trabajo de Jesús en el Tíbet y en la India Occidental
36. Jesús en Lassa. Se encuentra con Mengste el sabio quien le ayuda a leer los manuscritos antiguos. Va a Ladak. Cura a un niño. Relata la parábola del hijo del rey…
37. Le regalan a Jesús un camello. Se va a Lahore donde mora con el sacerdote Ajainín a quien le enseña. La lección de los músicos andarines. Jesús continúa su jornada…
SECCION VIII, Vida y trabajos de Jesús en Persia.
38. Jesús cruza la Persia. Enseña y cura en muchos lugares. Tres sacerdotes magos le encuentran al acercarse a Persépolis. Los siete maestros se sientan en silencio por siete días…
39. Jesús atiende una fiesta en Persépolis. Habla el pueblo, analizando la filosofía maga. Explica el origen del mal. Pasa la noche en oración…
40. Jesús enseña a los magos. Explica lo que es el Silencio y como entrar en el. Kaspar ensalza la sabiduría de Jesús. Jesús enseña en los bosques de Oro.
SECCION IX, Vida y trabajos de Jesús en Asiria
42. Jesús se despide de los magos. Va a Siria. Enseña a los habitantes de Ur de Caldea. Se encuentra con el sabio Ashbina con quien visita muchas ciudades y aldeas enseñando y curando a los enfermos…
43. Jesús y Ashbina visitan Babilonia y anotan su desolación. Los dos maestros permanecen juntos siete días; entonces Jesús vuelve a emprender camino a su casa. Llega a Nazaret. Su madre da una fiesta en su honor. Sus hermanos están disgustados. Jesús cuenta a su madre y a su tía la historia de sus viajes…

SECCION X, Vida y trabajos de Jesús en Grecia
44. Jesús visita Grecia y es bien venido por los atenienses. Conoce al maestro Apolo. Habla a los Maestros griegos en el Anfiteatro. Su discurso...
45. Jesús enseña a los maestros griegos. Va con Apolo a Delfos y oye al Oráculo hablar. El Oráculo da testimonio de Jesús. Mora con Apolo y es reconocido como el Oráculo Viviente de Dios. Explica a Apolo el fenómeno de que hable el Oráculo...
46. Una tormenta en el mar. Jesús rescata a muchos que se ahogaban. Los atenienses oran a los ídolos. Jesús reprende su idolatría, y expresa como así es que Dios ayuda. Su última reunión con los griegos. Se embarca en el buque Marte…

SECCION XI, Vida y trabajos de Jesús en Egipto
47. Jesús con las maestras Elihu y Salomé en Egipto. Les refiere sus Jornadas. Elihu y Salomé alaban a Dios. Jesús va al templo de Heliópolis y es recibido como discípulo...
48. Jesús recibe del Hierofante su nombre y su número místico. Pasa la primera prueba de la fraternidad y recibe su primer grado: Sinceridad…
49. Jesús pasa la segunda prueba de la fraternidad, y recibe el segundo grado: Justicia….
50. Jesús pasa la tercera prueba de la fraternidad y recibe el tercer grado: Fe…
51. Jesús pasa la cuarta prueba de la fraternidad y recibe el cuarto grado: Filantropía…
52. Jesús pasa cuarenta días en los bosques del templo. Pasa la quinta prueba de la hermandad y recibe el quinto grado: Heroísmo…
53. Jesús pasa la sexta prueba de la hermandad y recibe el sexto grado: Amor Divino…
54. Jesús llega a ser el discípulo privado del Hierofante y se le enseñan los misterios de Egipto. Pasando la séptima prueba, trabaja en la Cámara de la muerte…
55. Jesús pasa la séptima prueba de la hermandad, y en salón morado del templo recibe el séptimo, el supremo grado: El Cristo. Abandona el templo un conquistador…

SECCION XII, El consejo de los siete sabios del mundo
56. Los siete sabios del mundo se reúnen en Alejandría. Objetivo de la reunión. Los discursos de apertura…
57. Continúa la reunión de los sabios. Discursos de apertura. Silencio de siete días…
58. Continúa la reunión de los sabios. Presentación de los siete postulados universales…
59. Continúa la reunión de los sabios. Los postulados restantes. Los sabios bendicen a Jesús. Silencio de siete días…
60. Jesús habla a los siete sabios, su discurso. Jesús se va a Galilea…y Jesús se fue. Y después de muchos días llegó a Jerusalén; y entonces buscó su hogar en Galilea.


Después de estos años de enseñanzas, Jesús regresa a Palestina, entonces había cumplido los veintinueve años. Desde aquí hasta los treinta y tres años es el periodo más documentado de la vida de Jesús, con las narraciones del Nuevo Testamento, además de numerosos textos apócrifos.

…cuando Jesús comenzó tenía unos treinta años. (Lucas, 3:23)


Buscando agua en el alto Egipto unos beduinos encontraron unos textos cristianos de las primeras épocas, que aportaban importante información sobre la Iglesia primitiva de los cristianos gnósticos en su primera formación. Es un conjunto de cuatro libros apócrifos “El libro secreto de Jaime”, “Los dichos secretos de Jesús”, “Los dichos secretos del Salvador” ambos de Tomás, y “El libro secreto de Juan”. Se cree actualmente que los tres primeros escritos son anteriores al siglo II aC, e incluso se piensa que alguno de ellos pudo ser dictado directamente por Jesús. Los cuatro libros narran la vida del maestro desde los treinta años hasta después de su crucifixión.

Cuando Jesús contaba con la edad de treinta y tres años, el procurador imperial de Judea, Poncio Pilato decretó su muerte en la cruz por considerarlo instigador de luchas callejeras contra el imperio romano. Poncio Pilato, se vio forzado a decretar la muerte de Jesús, aun sintiendo simpatía por éste.

...desde este momento Pilato intentó liberar a Jesús, pero los judíos gritaban: si lo dejas ir, no eres amigo del César, todo aquel que se declara rey se declara en contra del César. (Juan, 19:12)

…viendo Pilato que no conseguía nada, sino que el tumulto aún crecía, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo diciendo: yo soy inocente de esta sangre… (Mateo, 27:24)

El texto apócrifo de la carta de Poncio Pilato al emperador romano narra lo siguiente:

De Poncio Pilatos saludos al emperador Tiberio Cesar. Jesucristo, de quien te hablé claramente en mis últimas relaciones, ha sido finalmente, entregado a un duro tormento a ruegos de su pueblo, cuyas instigaciones seguí de mal grado y por temor. Este era un hombre por vida de Hércules tan piadoso y austero, que como este, ni existió ni existirá en época alguna. Pero se dieron cita para conseguir la crucifixión de este enviado de la verdad, de un lado el extraño empeño del mismo pueblo, y del otro, el acuerdo de todos los escribas jefes y ancianos, contra las advertencias que les daban sus profetas, y a nuestro modo de entender, las sibilas. Y mientras estaba pendiente de la cruz, aparecieron señales que sobrepasaban las fuerzas de la naturaleza y que presagiaban, según la opinión de los físicos, la destrucción de todo el mundo. Viven todavía sus discípulos que no desmienten al Maestro ni en sus obras ni en la austeridad de su vida; aun más siguen haciendo gran bien en su nombre. Si no hubiera sido pues, por miedo a que surgiera una revuelta en el pueblo, quizá viviera todavía aquel insigne varón. Atribuye, entonces mas a mis deseos de serte fiel que a mi propia opinión el que no me haya resistido con todas mis fuerzas a que la sangre de un justo inocente de toda culpa, pero víctima de la maldad humana, fuera inicuamente vendido y padeciera la pasión: y además que como dicen sus escrituras, esto tenía que suceder en su propia ruina. Adiós. Día 28 de Marzo.


Probablemente, Pilato no deseaba ajusticiar a Jesús. Pero su propio pueblo declaró a Jesús un rebelde con intenciones de llegar a ser rey. Pilato sabía que si le ponía en libertad, sería él mismo desleal al César, así que sólo le quedó la opción de ajusticiar a Jesús, de tal forma que pudiera seguir con vida y mantenerlo en secreto. Sabiendo que en las crucifixiones el inculpado agonizaba durante varios días, el procurador romano decidió crucificar a Jesús un viernes, puesto que las leyes judías prohibían mantener a nadie en la cruz el Sabbath o sábado santo. Cuando José de Arimatea discípulo secreto de Jesús y amigo también de Pilato, es recibido por este y le pide el cadáver de Jesús, Pilato se extraña de que Jesús hubiera muerto.

Pilato se extraño de que ya hubiera muerto (Marco, 15:44)

..Después; José de Arimatea que era discípulo de Jesús, pero a escondidas por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús, y Pilato se lo concedió. Fueron pues, y se lo llevaron. Fue también Nicodemo, el que anteriormente había ido a encontrarle de noche, llevando una mezcla de mirra y aloe, unas 100 libras… (Juan, 19:38-39)

José de Arimatea compró una sábana, bajó el cuerpo, lo envolvió en la sábana, lo depositó en un sepulcro tallado en la roca e hizo rodar una piedra para tapar la puerta del sepulcro. María Magdalena y María, madre de José, miraban dónde lo ponían. Pasado el sábado, María Magdalena, madre de Jaime, y Salomé compraron perfumes para ir a ungirlo. De buena mañana, el domingo, llegaron al sepulcro a la salida del sol. Y se decían entre ellas: ¿Quién nos separará la piedra de la puerta del sepulcro? miraron, y vieron que habían separado ya la piedra; era realmente muy grande... (Marcos, 15:46-47)

Debemos destacar que Jesús fue llevado a la tumba y que esta no fue rellenada con arena como es costumbre entre los judíos, y solamente fue tapada con una losa, además Jesús necesito apartar la piedra para salir del sepulcro, lo cual indica que pudo ser ayudado para salir como cuerpo físico y no como ente espiritual al que no hubiera sido necesario desplazar la roca.

Las heridas de Jesús fueron curadas con un ungüento por Nicodemo, después abandonó el sepulcro y comenzó la huida de sus enemigos, en un principio se encontró con María y María Magdalena que abrazaron sus pies, dando señal de que se trataba de un cuerpo físico. Jesús encargó que comunicaran a sus discípulos que viajaran a Galilea donde se encontrarían con el. Posteriormente fue visto por Jaime y Pablo.

… María y su compañera se fueron inmediatamente del sepulcro con gran temor y gran alegría, y corrieron a anunciarlo a los discípulos (Mateo, 28:8)

… Jesús se encuentra esporádicamente con sus amigos, no osando dejarse ver abiertamente en público, por temor a que le reconozcan y prendan los judíos (Corintios, 15: 7-8)

Después de una larga huida a pie para despistar a sus perseguidores, Jesús se presenta a sus discípulos en cuerpo físico, sin haberse espiritualizado.

… despavoridos y llenos de temor, pensaron que veían a un espíritu, y él les dijo: ¿Por qué os asustáis y por qué os vienen al corazón estos pensamientos? Miradme las manos y los pies que soy yo mismo; palpadme y mirad, que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo (Lucas, 24:37-39)

Más adelante Jesús muestra tener hambre.

…Entonces les dijo: ¿Tenéis aquí algo para comer? Ellos le dieron un trozo de pescado a la brasa; lo tomó y se lo comió delante de ellos. (Lucas,24: 41-43)

Y Tomás palpa las heridas del maestro

Después le dijo a Tomás: Acerca el dedo aquí y mira mis manos, y acerca, y acerca la mano y ponla en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente (Juan, 20:27)

Jesús se sintió perseguido y tuvo que huir de Palestina. Se reunió por ultima vez con sus discípulos, e incluso se disfrazó durante los últimos días de su estancia en Palestina para no ser descubierto, finalmente emprendió la marcha hacia el Este.

Y he aquí que aquel mismo día dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, que estaba como a once kilómetros de Jerusalén. Y conversaban entre sí acerca de todas estas cosas que habían acontecido. Y sucedió que mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos. Pero sus ojos estaban velados para que no le reconocieran. (Lucas, 24: 13-16)

Después Jesús se les apareció a dos discípulos que iban por el campo. Estos dos discípulos fueron y les avisaron a los demás, pero tampoco les creyeron (Marco, 16-12)

Jesús debía acabar de cumplir la misión para la que fue enviado por Dios. Si hubiera muerto en la cruz, Jesús no hubiera podido cumplir el cometido que le fue asignado, buscar y conducir a las tribus perdidas de Israel.

En tiempos de Josué sucesor de Moisés, las campañas militares de los hebreos conquistaron Jericó, haciendo caer sus murallas tocando los cuernos de cabra. Josué derrotó al rey Yabin y consumó la conquista de la tierra prometida, dividiendo la Tierra Santa entre los hijos de Israel, siendo ocupada la mayor parte del Sur de Palestina por las tribus de Judá y Benjamín, mientras las restantes diez tribus se establecieron en el Norte.

Bajo el corto reinado de Saúl, se consiguieron las primeras victorias ante los filisteos. La aparición de David, un pastor de ovejas que con sus continuos triunfos militares así como su victoria frente al temido Goliat provocaron los celos del rey, que intentó asesinarlo, viendo que su reino estaba amenazado por la popularidad de este. Invadido por la ira y desesperado perdió la batalla del monte Guilboa lo que provocó finalmente el suicidio del rey Saúl. La sucesión de David como patriarca del pueblo hebreo, y sus nuevas victorias en las contiendas hizo que las doce tribus volvieran a reunificarse.

Más tarde, en tiempos de Roboam, hijo del rey Salomón y nieto de David, una revolución separó para siempre a las tribus del norte. El enfrentamiento del pueblo contra el rey Roboam por las condiciones de miseria en que subsistían, erige como nuevo rey a Jeroboam, separándose definitivamente de Judea y surgiendo así un nuevo reino.

Jeroboam reconstruyó y fortificó Siquem como la capital de su reino y adoptó el medio de perpetuar la división entre el Norte y el Sur. Erigió dos becerros de oro que estableció como los símbolos de Dios, imponiendo a la gente no peregrinar más a Jerusalén, para así traer sus ofrendas a los lugares santos que él había erigido, cumpliéndose así lo relatado con anterioridad por el profeta Ajías

"De ahora en adelante, el Señor va a sacudir a Israel como la corriente del río sacude las cañas. Lo arrancará de esta buena tierra que dio a sus antepasados, y lo arrojará más allá del río Eúfrates, por haber hecho representaciones de Astarté, causando con ello la irritación del Señor" (1 Reyes, 14:15 )

Más tarde con la incursión Asiria del rey Tiglatpileser se capturaron muchos de los habitantes de las tribus del norte. Comenzó así el éxodo de las diez tribus. La mayoría de los supervivientes fueron enviados a cautiverio años más tarde por Sargón, que finalizó victorioso la conquista de Samaria, capital del reino del Norte israelita. De este cautiverio ya no regresaron jamás.

Atrapados de esta forma en el imperio Persa, las diez tribus perdidas de Israel, fueron desplazándose hacia el Este a medida que los grandes conquistadores Persas iban expandiendo sus dominios por tierras del actual Afganistán, Pakistán y el norte de Cachemira, para finalmente los supervivientes israelitas detenerse y establecerse a la ribera del río Indo.

Jesús conocía todo este proceso, amenazado y perseguido, después de cuarenta días de contacto con sus discípulos y sanado de sus heridas, partió nuevamente a un sitio en el que había estado con anterioridad, desde Nazaret por la gran ruta de las caravanas hacia Damasco, con dirección a Cachemira, en busca de las tribus perdidas de Israel.

En un antiguo escrito Sanscrito, el Bhavishya Mahapurana atribuido a Viyas, escrito en el año 115 dC, se dice que en el año 48 dC, cuando Jesús contaba una edad aproximada de cincuenta y cuatro años, el rajá Shalewahin salió un día a dar un paseo por las montañas y cerca de Srinagar, vio a un personaje distinguido de tez blanca, que vestía ropas claras. El rajá le preguntó por su nombre y Jesús le respondió que le conocían por el hijo de Dios.

Estos versos escritos en Sánscrito, pueden ser traducidos de la siguiente manera:

Cierto día, el rajá salió hacia los montes del Himalaya, y en medio del país de los Hun, el poderoso rey vio a un personaje distinguido sentado cerca de una montaña. El Santo era de complexión clara y llevaba vestidos blancos. El rey Shalewahin le preguntó quien era. El replicó gustosamente:
Soy conocido como el hijo de Dios y nacido de una virgen.
Como el rey se asombrara de esta respuesta, el Santo le dijo:
Soy el predicador de la religión de los Meleacos y seguidor de principios verdaderos.
El rey le preguntó acerca de su religión y él le contestó:
Oh Rey, vengo de un país lejano, en el que ya no existe la verdad y en el que el mal no conoce límites. Aparecí allí en el país de los Meleacos como Mesías. Por mí tuvieron que padecer los pecadores y los delincuentes y yo también sufrí a manos de ellos.
El rey le rogó que le explicara mejor las enseñanzas de su religión, y el Santo le dijo:
Enseña el amor, la verdad y la pureza de corazón. Enseña a los hombres a servir a Dios, que está en el centro del sol y de los elementos. Y Dios y los elementos existirán siempre.
El rey regresó después de haber dado su obediencia al Santo
.

En un antiguo libro Persa titulado Negaris-Tan-i-Kashmir se relata otra historia sobre el rajá Shalewahin, en el que este ofrece al Santo Isa que tome una mujer para vivir con ella, con la cual posteriormente tuvo descendencia.

El gran historiador oriental Shaikh al Sa’id que vivió hacia el año 900 dC en su libro IKmal-Ud-Din, considerado de alto valor por los historiadores occidentales, relata la historia de Jesús por tierras de Cachemira, narrando como su tumba fue erigida por su discípulo Tomás, en pleno centro de la ciudad de Sinagar capital de Cachemira, en el sitio exacto donde Jesús respiró por última vez.

Sobre este mítico personaje han aparecido muchas hipótesis que todas posteriormente han sido descartadas, para volverlas a exponer a continuación, ser nuevamente discutidas, y nunca aclaradas definitivamente. Dos mil años de discusión, dos mil años de búsqueda que han pasado desapercibidos al hombre, muchas veces sacrificado en las guerras de la religión y que con su ignorante fe, ha sido el sillar, el sustento, de las distintas iglesias que hicieron suyo un personaje, que jamás les perteneció.

¿Vosotros quien creéis que soy yo? (Mateo, 16:15)

El sendero

Busco al espíritu superior que vestido de alma mora dentro de mi, mi parte divina, le pido que se muestre y me inunde con su sabiduría para hollar su sendero.

Y con voz clara dice: Oh, hijo del hombre, que así sea, tu debes conocer el Amor, por que tu lo deseas, tu lo has pedido... por que este es el soberano bálsamo para todas las heridas del hombre y el remedio de todos sus males y debes ser dotado tu y todos los hombres de Sabiduría, de Poder y de un Corazón que comprenda.

He aquí el Akasha, las galerías y archivos donde esta escrito todo pensamiento y toda palabra, recorre estos registros impresos en la sustancia primaria de la que están formadas todas las cosas. Su finura es tan sensible que la más imperceptible vibración del éter en cualquier lugar del universo produce una impresión indeleble. Cuando la mente del hombre entra en sincronización o en resonancia con la mente cósmica, el hombre adquiere un reconocimiento consciente de las impresiones de la sustancia primaria y puede reunirlas y transcribirlas en cualquier lengua que le sea familiar. Oye pues mis palabras hijo del hombre, anda estas galerías místicas y léelas, allí encontraras un mensaje para todo aquel que quiera escucharlo.

Y dándome sabiduría, aparece ante mi la encarnación de la verdad como madre de las virtudes y de las armonías de la vida y me muestra a través de sentimientos, una ilusión transitoria en su reverso, que manifiesta falsedad, donde se esconde y se cobija el odio y la calumnia y en su larga sombra la lascivia y el robo y más allá el asesinato y todo aquello que hace daño. Un sendero fácil de encontrar pero pobre en resultados, bendiciones y paz, que en principio ofrece placer rápido, goces y ganancias satisfactorias, pero que da intranquilidad y miseria, orillado de bellos árboles de frutos hermosos a la vista y agradables al olfato, pero repletos de gusanos de amargura. Y en espíritu recorro ese sendero ilusorio y transitorio frente a las cosas que nunca cambian, la morada de un demonio viviente perteneciente a otro mundo, del que el hombre huye buscando la salvación, un mito hecho de aire y vestido con la sombra del pensamiento.

Y comprendo que el único diablo del que el hombre tiene que redimirse es su ego, su yo inferior, si el hombre ha de encontrar al diablo, tiene que buscarlo dentro de si mismo, su nombre es ego.

Y comprendo que si el hombre ha de encontrar a su salvador, tiene que buscarlo dentro de si mismo, y cuando el ego demonio ha sido destronado, el salvador Amor, será alzado al trono del poder.

Y con voz clara dice: Oh, hijo del hombre, el David de luz es pureza, que mata al fuerte Goliat de oscuridad, y que sienta al verdadero rey, al Amor, en lo más elevado del ser, en el sitio que le corresponde, en su trono.

En el uno infinito manifestado, comprende la omnipotencia del espíritu superior y del hombre. Siente la Santa Respiración sobre ti y bebe de la sabiduría de la inteligencia suprema, llega al conocimiento y conciencia del cristo o amor cósmico.

Por que el hombre no es su cuerpo ni su alma, es espíritu parte del espíritu cósmico. Por que el hombre espíritu, fue dotado de un alma para poder actuar en el plano intelectual y consciente, y de un cuerpo para actuar en el plano físico de manifestaciones corpóreas. Pero el hombre como todo otro pensamiento de Dios, no fue sino semilla, una semilla dentro de la cual se contienen las potencias de Dios, exactamente como toda semilla de planta de la tierra contiene en lo más profundo de si misma, los atributos de cada una de las partes de esa planta especial.

Escúchame hijo del hombre, así pues, el hombre espíritu como semilla de Dios, contiene en lo más profundo de si mismo, los atributos de cada una de las partes de Dios. Ahora bien las semillas son perfectas, tan perfectas como sea perfecto quien les dio origen, pero no están desarrolladas en el plano de las formas manifestadas.

Y dándome sabiduría la Santa Respiración me invade y comprendo que la sequía para la semilla manifestada en planta, es para el hombre la sequía en su espiritualidad, y el viento que la zarandea intentándola quebrar y hacerla crecer torcida, es para el hombre el viento de tentaciones que acompañan su vida, y sus ramas quebradas cerradas con nudos, son para el hombre sus experiencias y el recuerdo a  través de ellas, de quien es realmente.

Pero en espíritu me lleva al bosque, donde las gigantes secuoyas que alzan su copa buscando la luz, muestran el camino, a las pequeñas plantas recién brotadas de sus semillas.

Y con voz clara dice, oh, hijo del hombre, tú que deseas beber del pozo de la sabiduría, tú que lo has pedido… que así sea. El Sembrador de todo lo que es, arrojó esta semilla humana en el suelo del alma, y el hombre llegó a ser un alma viviente. La semilla humana que procede del corazón de Dios mismo, debe ser plantada hondamente en un suelo que la permita crecer y desarrollarse, exactamente como se desarrolla la joven secuoya. El hombre espíritu es perfecto, debe recordarlo en todos los caminos de la vida, y manifestarlo en su naturaleza carnal, llegando a conocer y ser la fortaleza de Dios en manifestación.

El hombre alcanzará su herencia, su verdadero estado, comprendiendo penas y pruebas múltiples, pero los espíritus del Dios omnipotente serán sus protectores y sus guías y le conducirán al éxito. El hombre conquistará el plano físico, y cuando haya vencido todos los enemigos del alma, la semilla habrá germinado plenamente y se transformará en la Santa Respiración. El alma habrá llenado su misión y el hombre no la necesitará más, habrá alcanzado la bendición de la perfección y será uno con Dios.

Ves en paz, hijo del hombre.

Fuente: Evangelio acuariano (Levi H. Dowling)